Científicos de Brasil cambian paradigma sobre cómo los sistemas llegan al orden
El descubrimiento ayudará a comprender mejor el funcionamiento del cerebro, los procesos climáticos y las tecnologías complejas
Científicos de la Universidad de São Paulo (USP) hicieron un descubrimiento que cambia una de las ideas existentes en la ciencia desde hace unos 400 años, informa Metrópoles, socio de TV BRICS.
Anteriormente se creía que si dos objetos tienen un ritmo similar, con el tiempo comienzan a funcionar de manera sincronizada por sí solos. Por ejemplo, dos péndulos pueden gradualmente ajustarse el uno al otro. Este principio fue descrito por primera vez en el siglo XVII por el científico neerlandés Christiaan Huygens.
Pero la nueva investigación demostró que, a veces, dos elementos por sí solos no pueden sincronizarse. Necesitan un tercer participante que modifique su interacción.
Los científicos brasileños desarrollaron una teoría matemática y la verificaron mediante un experimento. Crearon un sistema de pequeños dispositivos que no podían sincronizarse por pares. Sin embargo, cuando se añadía un tercer elemento al sistema, aparecía un orden claro entre los tres.
El impulso para la investigación fue la idea de que la relación entre las fuertes lluvias en India y el fenómeno de El Niño (un fenómeno climático natural en el que el agua en el océano Pacífico central y oriental se vuelve inusualmente cálida) puede depender no solo de la interacción directa de estos procesos, sino también de un factor adicional que modifica su influencia mutua: la actividad volcánica.
Esto llevó a los investigadores a pensar que quizás este principio también funcione en otros sistemas complejos.
El descubrimiento puede cambiar las formas de estudiar muchos procesos.
Por ejemplo, en la neurociencia, los científicos suelen observar cómo dos áreas del cerebro están relacionadas entre sí. Pero a veces una tercera área puede influir en su interacción. Si se estudian solo las parejas, puede que no se note la verdadera organización del sistema.
Según los investigadores, a veces el sistema comienza a funcionar de manera coordinada no gracias a dos participantes, sino gracias a un tercero que les ayuda a encontrar un ritmo común.
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