Valeri Guérguiev, director general del Teatro Bolshói, director artístico y director del Teatro Mariinski: Los países BRICS abrirán nuevas oportunidades para la cooperación cultural
En una entrevista exclusiva con TV BRICS, el experto destacó el desarrollo de la cooperación internacional y los nuevos formatos de colaboración entre los países miembros de la asociación
Valeri Guérguiev, director general del Teatro Bolshói, director artístico y director del Teatro Mariinski. Estudió en el Conservatorio de Leningrado. Como estudiante, ganó varios concursos importantes, tras lo cual fue invitado al Teatro Kírov, actual Teatro Mariinski, como asistente del director principal de orquesta. En 1988 fue elegido director musical y, ocho años después, director artístico y director de ese teatro.
En 2023 se convirtió en director general del Teatro Bolshói y copresidente de la Unión de Trabajadores de Teatro de Rusia en el ámbito musical. Ha trabajado con orquestas de diferentes países. Es fundador de prestigiosos festivales internacionales. Fue distinguido con premios estatales, con los títulos de Artista del Pueblo de Rusia y Héroe del Trabajo, y con la Orden "Por los Méritos ante la Patria".
Valeri Abisálovich, en 2026 el Teatro Bolshói cumplirá 250 años. La celebración será a gran escala, con conciertos de gala, exposiciones y estrenos. ¿Qué acontecimientos de la temporada de aniversario considera los más importantes para el teatro?
Es una fecha de enorme importancia, también para la historia de la cultura rusa: el 250.º aniversario de una institución estatal tan emblemática como el Teatro Bolshói. Podemos hablar del Hermitage, podemos hablar del Teatro Mariinski. Sin duda, se trata de un acontecimiento que, en cierto sentido, tiene una dimensión mundial.
Ante todo, representa la obra de los grandes creadores de la cultura universal. En la historia de la civilización existen decenas de nombres sin los cuales no podrían existir géneros como el teatro musical, la ópera, el ballet, así como la música sinfónica, instrumental, pianística y violinística.
Rusia ha dado al mundo decenas de grandes figuras. La proyección universal de la obra de Pushkin, Gógol, Tolstói y Dostoyevski está estrechamente relacionada con la historia del teatro musical y, en particular, con el Teatro Bolshói. Así que, a tramas como la de "Ruslán y Liudmila", por ejemplo, o "La dama de picas" o "Evgueni Oneguin", se puede reaccionar de esta manera: es un fenómeno de la creatividad de Chaikovski. Pero luego piensas: no, son Chaikovski y Pushkin juntos
Luego recuerdas que "La guerra y la paz" es de Tolstói, es Prokófiev, un genio; o Tolstói: dos genios, luego piensas que también está Chéjov, está "El jugador" de Dostoyevski, y de una manera infinita puedes viajar.
El papel de Shakespeare en la historia del propio Teatro Bolshói también es enorme, ya que dentro de diez años celebraremos el centenario de la puesta en escena de "Romeo y Julieta".
Por eso afirmo que estamos ante creaciones geniales que, en muchos casos, nacieron primero en la literatura.
Usted dirige dos de los teatros más importantes de Rusia: el Teatro Bolshói y el Teatro Mariinski. Une equipos, crea proyectos conjuntos y traslada producciones del Bolshói al escenario del Mariinski y viceversa. ¿Cómo consigue llevar a cabo esta integración del repertorio y qué objetivo persigue?
Hemos ampliado considerablemente el repertorio del Teatro Bolshói. Incluso con las estimaciones más conservadoras, podríamos hablar de alrededor de cincuenta títulos de ópera y ballet. Y todavía no incluimos las interpretaciones de sinfonías, conciertos para piano, oratorios o cantatas.
Sin embargo, las grandes producciones operísticas que viajan de San Petersburgo a Moscú y de Moscú a San Petersburgo representan muchas decenas de espectáculos.
Se dio la situación de que, durante algún tiempo, en el Teatro Bolshói no se representaban obras como "Evgueni Oneguin", "La dama de picas" o "La vida por el Zar" de Glinka. "Ruslán y Liudmila" tampoco estuvo en cartel durante un largo periodo, y "El príncipe Ígor" dejó temporalmente de formar parte del repertorio.
Estamos resolviendo esta tarea con bastante rapidez. Y en este caso no es necesario pensar demasiado, porque sería mucho más complicado si Rusia contara únicamente con uno, dos o, como máximo, tres grandes compositores nacionales. Pero, como ya he señalado, tenemos a Chaikovski, Prokófiev y muchos otros. Afortunadamente, son numerosos. Por eso disponemos de una extraordinaria riqueza de opciones, al igual que nuestros colegas de Italia o Francia.
La variedad es enorme. En Francia, por ejemplo, las óperas comenzaron a componerse ya en el siglo XVI, y los teatros creados allí en los siglos XVII y XVIII son, naturalmente, más antiguos que el Bolshói o el Mariinski. No obstante, durante sus aproximadamente 250 años de historia —el Teatro Mariinski también se acerca a los 250 años— ambos teatros han ofrecido al mundo una gran cantidad de estrenos mundiales.
Entre ellos figuran los primeros estrenos de obras de Giuseppe Verdi. La "Missa Solemnis" de Beethoven se interpretó por primera vez precisamente en San Petersburgo. Allí tuvo lugar su estreno mundial. Esta obra representa uno de los mayores logros de la cultura alemana y austriaca. Su primera interpretación se celebró en San Petersburgo porque el emperador Alejandro I quiso presentar una creación de semejante magnitud en la capital del Imperio, que en aquel entonces era esa ciudad. Y en 1824 este acontecimiento se hizo realidad.
Me gustaría creer que precisamente esta historia es la que todavía hoy nos une con nuestros colegas y amigos de muchos países mediante sólidos lazos de amistad histórica.
En el Teatro Mariinski se desarrolla la Academia de Jóvenes Cantantes de Ópera, mientras que en las producciones del Teatro Bolshói participan estudiantes de la Academia Estatal de Coreografía de Moscú. En su opinión, ¿qué oportunidades deben ofrecerse a los jóvenes artistas para que en el futuro se conviertan en músicos, cantantes y bailarines profesionales? ¿Qué iniciativas llevan a cabo los teatros Bolshói y Mariinski para apoyar este proceso? ¿Cómo descubren nuevos talentos y les ayudan a desarrollar su potencial?
Creo que la historia de la Academia de Jóvenes Cantantes de Ópera del Teatro Mariinski comenzó a finales de los años noventa, es decir, hace más de 25 años. En aquella época se descubrieron jóvenes cantantes extraordinarios, voces excepcionales, y muchos de ellos alcanzaron reconocimiento internacional. En el Teatro Bolshói también han surgido siempre auténticas estrellas, tanto en el ámbito de la ópera como en el del ballet.
Sin embargo, durante los últimos dos o dos años y medio he puesto personalmente un gran énfasis en la promoción de jóvenes cantantes. En el ballet también se están desarrollando procesos muy interesantes que nunca se han detenido, pero este grupo de jóvenes intérpretes es como un rayo de sol: ha iluminado decenas de producciones.
Incluso los espectáculos más destacados, que se representaban hace cinco, diez o veinte años, han adquirido un nuevo impulso. Naturalmente, también han aparecido nuevos títulos llenos de esta energía renovada y del sonido de voces jóvenes. Los jóvenes artistas lucen magníficamente sobre el escenario. Siempre es agradable pensar que la intérprete del papel de Aída está más cerca de los treinta años que de los sesenta.
Es algo muy positivo, ¿verdad? Por eso celebramos la aparición de jóvenes Lenski, Tatianas y Olgas. El mismo Evgueni Oneguin también es un personaje joven. Por regla general, estos papeles deben ser interpretados por artistas que tengan una apariencia acorde con la edad de los personajes y cuya voz transmita esa juventud en escena.
A este proceso, repito, le concedemos una enorme importancia y le prestamos una atención especial. Si se quiere, es una cuestión de principios, una convicción personal. Y avanzamos de forma constante y activa, tanto en la incorporación de nuevos títulos al repertorio como en la llegada de nuevos talentos creativos.
Un ejemplo de ello es la recuperación del legendario espectáculo del Teatro Bolshói "Almas muertas", de nuestro gran amigo, el destacado compositor Rodión Konstantínovich Shchedrín, fallecido recientemente. Este proyecto representa un gran éxito precisamente del programa de jóvenes cantantes de ópera del Teatro Bolshói.
Me sentí realmente feliz al comprobar que los jóvenes cantantes del Teatro Bolshói tienen un enorme potencial. Les brindamos esta oportunidad y seguiremos haciéndolo en el futuro. Por eso, durante los próximos cinco o seis meses, todavía llevarán a cabo muchos proyectos importantes.
Rusia es famosa por su educación musical y coreográfica. Jóvenes talentos de distintos países, incluidos los Estados miembros del BRICS, llegan al país para formarse. En su opinión, ¿qué ventajas ofrece la educación en Rusia a los estudiantes extranjeros?
Sé que hoy el mundo necesita nuevos programadores, nuevas tecnologías y personas talentosas en todos los ámbitos de la actividad humana.
Defino el ámbito de mis responsabilidades de manera bastante concreta. Todo lo que ocurre en Rusia —desde Vladivostok hasta Kaliningrado, o desde Vladikavkaz hasta Múrmansk—, tanto en la dirección Norte-Sur como Este-Oeste, está relacionado con mi trabajo.
Contamos con filiales, por ejemplo, en Vladivostok. Allí estamos ampliando de manera significativa y a gran escala las oportunidades tanto para los jóvenes como, en general, para los profesionales del arte.
Creo que también son importantes nuestros contactos con los países vecinos, como China. Asimismo, podemos hablar de países como Turquía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos. Realizamos actuaciones en estos países con bastante regularidad. En Oriente Medio también hemos estado en Omán, Baréin, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
Anteriormente actuamos también en Jordania y Líbano. Allí presentamos, si se quiere, a la élite creativa rusa. La llegada del Teatro Mariinski o del Teatro Bolshói era un acontecimiento muy esperado en todos estos países.
He participado en estos procesos en numerosas ocasiones. Por eso puedo hablar de ello como protagonista directo y no como alguien que simplemente ha escuchado sobre lo que ocurre allí.
Incluso dirigí estas giras internacionales: en su momento, en el Teatro Mariinski, y ahora también en el Teatro Bolshói.
Creo que estudiar en Rusia significa formarse en el país de Chaikovski y Pushkin, en un país que vio nacer a los creadores de las naves espaciales y a los primeros cosmonautas de la historia de la humanidad.
Continuando con el tema de la cooperación internacional, ¿cómo colaboran actualmente los teatros Bolshói y Mariinski con los países BRICS?
Creo que nuestros contactos nunca se han interrumpido: ni hace tres años, ni hace cinco, ni hace diez. Podemos hablar de una historia de colaboración de quince o veinte años. Yo mismo actué en Brasil y, por supuesto, recuerdo muy bien aquellas presentaciones.
Estamos reforzando al máximo nuestros vínculos culturales con nuestros colegas de la República Popular China. Quizá sea uno de los procesos de crecimiento más dinámicos que se observan actualmente en el mundo de la ópera y el ballet, ya que no se trata de un acontecimiento puntual al año. Cada año se celebran decenas de iniciativas artísticas: representaciones de ópera y ballet, conciertos, actuaciones de jóvenes cantantes, presentaciones de solistas y participaciones de ganadores del Concurso Internacional Chaikovski. Entre ellos figuran también representantes de numerosos países BRICS.
En particular, hemos ampliado el programa del Concurso Internacional Chaikovski. Por ejemplo, se han incorporado nuevas categorías para intérpretes de instrumentos de viento madera, como la flauta, el oboe y el clarinete, así como de viento metal, como la trompa, la trompeta, el trombón y la tuba. Se trata de un paso muy importante para ampliar el alcance del concurso y ofrecer nuevas oportunidades a jóvenes talentos de todo el mundo.
En el Foro Internacional de Culturas Unidas de San Petersburgo usted afirmó que el Teatro Bolshói está dispuesto a poner sus escenarios a disposición de los colectivos artísticos de los países BRICS. ¿Qué acuerdos se han concretado ya en este ámbito? ¿Qué planes existen y cuál considera que es la importancia de esta iniciativa?
En los próximos quince o veinte días trabajaremos en este tema, entre otros aspectos, con nuestros colegas del Ministerio de Cultura de la Federación de Rusia. No se descarta que también participen representantes del Gobierno ruso.
Y no se trata únicamente del ámbito cultural ni de los contactos directos con el Ministerio de Cultura. Estas relaciones pueden involucrar a muchos actores: diplomáticos, representantes del sistema educativo y otras instituciones.
Contamos con enormes posibilidades. Basta señalar que en el Teatro Mariinski alrededor de diez salas pueden recibir simultáneamente a artistas e intérpretes. También ofrecemos espectáculos dirigidos al público infantil.
Creo que las posibilidades del Teatro Bolshói crecerán considerablemente en este ámbito. En el pasado, el Teatro Bolshói actuaba con frecuencia y con gran éxito en el Palacio Estatal del Kremlin. Actualmente, este tipo de acontecimientos son menos habituales, pero en los próximos año y medio o dos años se pondrán en marcha nuevos proyectos, y el Teatro Bolshói también contará con una oportunidad única: recibir a miles de espectadores al mismo tiempo.
Por supuesto, encontraremos la manera de ampliar los vínculos creativos y los intercambios culturales con los países BRICS. Lo afirmo de manera oficial.
Soy plenamente consciente de que esto no puede hacerse de la noche a la mañana. Sin embargo, muchos jóvenes, así como reconocidos maestros del arte, tendrán una gran oportunidad: actuar en el escenario del Teatro Bolshói, presentarse en los escenarios del Teatro Mariinski, participar en conciertos en la Gran Sala de la Filarmónica de San Petersburgo o en la Gran Sala del Conservatorio de Moscú.
Además, contamos con una magnífica nueva sala: la Sala "Zaryadye" de Moscú. Es decir, hablamos de una infraestructura cultural capaz de ofrecer decenas de miles de oportunidades al día. Si tenemos en cuenta que durante unos 300 días al año las dos capitales pueden recibir espectadores, estamos hablando de decenas de millones de personas.
¿Qué significado tiene la música para usted? ¿Le ayuda a afrontar la carga de trabajo? ¿De dónde obtiene la energía con un ritmo laboral tan intenso? ¿Qué le inspira?
Mi respuesta es muy sencilla. Nací en Moscú. Crecí y estudié en Vladikavkaz, la capital de la República de Osetia del Norte-Alania. Mi infancia y mi juventud están vinculadas no solo con Moscú, sino también con Vladikavkaz.
Me convertí en estudiante cuando tenía poco más de dieciocho años y estudié en Leningrado con algunos de los pedagogos más prestigiosos del mundo. Allí recibí una enorme preparación profesional y, por primera vez en mi vida, pude ver hasta qué nivel tan extraordinario podían llegar los grandes maestros del arte. Me refiero a las legendarias orquestas y teatros de Leningrado. Ya en aquella época viajaba entre Leningrado y Moscú. Siendo todavía estudiante, asistía a las representaciones del Teatro Bolshói.
Por eso, para mí, la historia del Teatro Bolshói no era un misterio inaccesible para nosotros, que entonces éramos jóvenes estudiantes. Era algo que conocíamos y comprendíamos perfectamente.
Escuché a los más grandes cantantes, vi a destacados artistas de ballet de talla mundial y, con el tiempo, me convertí en amigo de muchos de ellos desde mis primeros años.
En particular, mi amistad con Maya Mijáilovna Plisétskaya y Rodión Konstantínovich Shchedrín es uno de los grandes milagros de mi vida. Es un verdadero milagro de la amistad humana, una amistad construida además a través de la música y el teatro.
Por ejemplo, la historia del Teatro Mariinski se enriqueció gracias a mi amistad con Rodión Shchedrín y Maya Plisétskaya. También, durante los últimos años de vida de Galina Ulanova, tuve la oportunidad de conversar con ella e incluso entrevistarla.
Creo que, en cada caso, contar con un verdadero amigo es un regalo del destino.
¿Y qué significado tiene la música para usted?
La música es un privilegio enorme, una riqueza extraordinaria. Es una oportunidad única para percibir el mundo a través de la música.
Sí, nos gusta leer y comprendemos a los historiadores que nos explican lo que ocurrió hace cien, doscientos, incluso mil o cinco mil años. Pero la música que sigue viva prolonga la existencia de sus creadores.
Por ejemplo, Bach nació hace mucho tiempo, a finales del siglo XVII. Hoy vivimos en el siglo XXI. Podemos decir que hace casi 340 o 350 años —si no cerca de 400— apareció Bach, y sus numerosas obras siguen emocionando y enriqueciendo la vida de millones de personas, tanto en Rusia como en Alemania, en Europa y en todo el mundo. Esa es precisamente la fuerza de la música.
La versión completa de la entrevista se puede ver aquí.
DIGITAL WORLD
Centro de medios BRICS+
RUSO MODERNO